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Este
taller ha sido presentado en el Primer Seminario Latinoamericano
de Educación Musical, (FLADEM - 1999), en el “IV Encuentro
Latinoamericano de Educación Musical” (Escuela Superior
de Música de la UNAM, México 2003) y en otras ciudades
de México: Saltillo, Hermosillo, Monterrey, San Luis Potosí,
Guadalajara, como Clase Magistral dentro de la programación
del “III Encuentro Internacional de Jazz y Música Viva
Monterrey 2005” y como actividad central en el “III
Festival del Día Internacional de la Música”
(Hermosillo, Sonora, México 2005).
Funciona sin
interrupción desde 1996 de forma particular y desde septiembre
de 2004 en el programa oficial del Conservatorio Provincial Julián
Aguirre (Buenos Aires), como “Técnicas de improvisación”.
“Todos
podemos improvisar.
De hecho, cuando hablamos nos encontramos, tal vez, ante la forma
más natural de improvisación. Cuando conversamos transmitimos
una idea, un mensaje y lo hacemos empleando las palabras que consideramos
más adecuadas. Además de la elección de las
palabras, prestamos atención a su entonación, ataque,
volumen, inflexiones, silencios. Todo depende de las circunstancias:
quién o quiénes nos escuchan, el lugar en el que nos
encontramos, nuestro ánimo en ese día, entre muchas
otras cuestiones.
Con la improvisación en la música sucede algo muy
parecido”.
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¿Cómo prepararse para improvisar?
¿Cómo
prepararse para algo que va a suceder, y que no sabemos cómo
será? Tendremos un mensaje que transmitir, y debemos elegir
el modo de hacerlo.
En el taller trabajamos con todos los aspectos formales de la música,
aunque vistos desde otro lugar. Es como si viésemos el interior
de una habitación desde otra ventana, o entrando por una
nueva puerta. Usamos notas, figuras, compases, intervalos, acordes,
ritmos, dinámicas distintas, melodías, silencios,
por nombrar sólo algunos ejemplos, tratando de desmitificarlos
y tomarlos con naturalidad, sabiendo lo que estamos tocando siempre
desde una búsqueda de la propia voz y tratando de que la
razón y la visión intelectual se fusionen con todo
el bagaje emotivo y afectivo de la música para que sean una
unidad.
Las
sesiones muestran dos facetas: el uso la voz, las palmas, instrumentos
de percusión y el uso de los instrumentos propios. Las actividades
están pensadas para cualquier formación instrumental
y se van adaptando según los instrumentos.
Todos deben acompañar y tener intervenciones solistas.
Siempre cantamos lo que se toca, es decir que todo lo que tocamos
debe reproducirse vocalmente de alguna manera al mismo tiempo.
Las
consignas se apoyan en alguno de estos cuatro aspectos básicos:
ritmo, armonía, melodía y recursos expresivos. La
atención se coloca sobre alguno de estos puntos, aunque usamos
todos a la vez. Se combinan, centrando el fundamento de las actividades
y desviando la atención de cuestiones racionales (teoría
y técnica, principalmente) que a menudo traban la fluidez
de la música. En realidad lo que obstaculiza esta fluidez
es nuestra actitud hacia estas cuestiones racionales. Al estar tocando,
estamos en acción y nuestro estado ante las cosas se moviliza
y se hace más blando, más flexible.
Partimos
del juego rítmico con los instrumentos de percusión,
las palmas, la voz y los propios instrumentos, conectándonos
con la música del modo más natural posible. Debemos
sentir el ritmo en el cuerpo para poder proyectarlo a nuestro instrumento.
Cuando tocamos juntos y vamos armando los ritmos sobre los que vamos
a tocar después, no tenemos alternativa: hay que escuchar
todo lo que está pasando. Lo que uno toca depende de lo que
los otros tocan, y a su vez condiciona al resto. Eso sucede en tiempo
real, desde el principio mismo del trabajo, y debemos echar mano
de nuestra preparación teórica, práctica y
espiritual. Los músicos hacen música con estímulos
muy distintos: cantando, con instrumentos de percusión, con
las palmas, con el propio instrumento, en intervenciones solistas
y grupales, cantando y acompañando y van surgiendo, entonces,
nuevos elementos. En algunas cuestiones mostramos seguridad y otras
cuestan más.
...“No
basta con saber hacer y colocar trampas - dijo -.
Un cazador debe vivir como cazador para sacar lo máximo de
su vida.
Por desdicha, los cambios son difíciles y ocurren muy despacio;
a veces un hombre tarda años en convencerse de la necesidad
de cambiar.
Yo tardé años, pero a lo mejor no tenía facilidad
para la caza.
Creo que para mí lo más difícil fue querer
realmente cambiar.”...
(Castaneda,
Carlos; “Viaje a Ixtlán ”; pag. 119; Fondo de
Cultura Económica; Bs. As. 1975).-
En
el análisis grupal posterior al trabajo las dudas que se
suscitan son respondidas y se profundizan aspectos teóricos
Además tratamos cuestiones conceptuales que son claves: el
silencio, el juego, la emoción, la dinámica, el entrenamiento
y la técnica, la paciencia, la disciplina y el estudio, los
límites, la entrega, las frustraciones, la forma, los errores,
el trabajo y la cotidianeidad, la coherencia.
El
uso de instrumentos de percusión, las palmas y la voz muestra
la necesidad de integración de todas las facetas que nuestro
discurso puede mostrar. Al tocar sin detenernos o tocar el mismo
instrumento por un tiempo prolongado hace que necesariamente tengamos
que buscar variantes para no repetirnos. Las distintas posibilidades
que podemos encontrar dependen principalmente de nuestra ACTITUD
de búsqueda. Debemos tocar con la máxima entrega y
humildad.
Las
actividades también buscan un diferente acercamiento a los
errores. Estos representan siempre un gran temor, especialmente
cuando no se toman como algo natural. Es indispensable un entrenamiento
para resolver esas contingencias: nuestros errores y los eventuales
errores en que incurran los otros músicos. A pesar de las
circunstancias internas y externas que pueden condicionarnos siempre
debemos estar a favor de la música ¿Qué actitud
asumimos frente a los errores? ¿Son música?
Tocar
es un ritual, y todo el tiempo podemos sorprendernos de nosotros
mismos.
Improvisar no es tocar cualquier cosa. Consiste básicamente
en tocar algo que se nos ocurre y primero escuchamos en nuestra
cabeza. Al improvisar, hay sólo un momento, todo sucede ahora,
en tiempo real. Nuestra música debe representar lo que queremos
transmitir y lo que tocamos tiene que tener un sentido, un rumbo.
“Quizá
he inventado algo que ya existía, pero lo he inventado, no
escogido.
Lo he sacado al exterior (es decir, lo he inventado) porque lo he
vivido.
He vivido cómo a mi inteligencia le resultaba imposible
mejorar una idea musical mala, y me he dicho que no podía
ser una casualidad.
Que tenía que haber una ley subyacente.
He aquí la ley: la idea musical misma.”
(SCHOENBERG,
ARNOLD, “Tratado de armonía”, pág. 488,
Ed. Real Musical, España, 1974).-
Desde el punto de vista teórico, trabajamos con los cuatro
aspectos mencionados anteriormente: el ritmo, la armonía,
la melodía y los otros recursos musicales (el silencio, la
acentuación y la articulación, el volumen, el ataque,
las alturas, la densidad, etc.). De la combinación de ellos
surgen las actividades con las trabajamos. Abordamos de un modo
integral el concepto de TENSIÓN Y REPOSO que naturalmente
se presenta en la música.
El
aspecto rítmico es fundamental. Sentir el ritmo en el cuerpo,
percibir su dinámica, fortalecer la conciencia del ritmo
para poder “flotar” sobre él. También
trabajamos con diferentes ritmos y estilos latinoamericanos.
En
cuanto a la armonía, partiendo de los conocimientos armónicos
que posean los músicos integrantes del taller (tipos de acordes
y escalas, su clasificación y funcionalidad, extensiones
de los acordes, sustituciones armónicas) abordamos entonces
su aplicación práctica buscando enriquecer estos contenidos.
Viendo la relación tensión-reposo desde la armonía
tonal, la armonía modal y la atonalidad profundizamos la
conexión de la armonía con los otros elementos de
la música.
Habitualmente se pone el énfasis en la armonía, cuando
el manejo de la relación tensión-reposo no depende
solamente del tratamiento armónico, ya que al profundizar
aparecen otros tópicos insoslayables tal como explicamos
más arriba (por ejemplo el silencio, la dinámica o
los recursos expresivos).
Estos son solamente algunos aspectos que tienen que ver con el arte
y con la vida. “Nuestra música” y “nuestro
instrumento” son absolutamente reales y tangibles, forman
parte de nosotros.
Desde
la melodía el trabajo apunta a basar el discurso musical
en motivos musicales (pequeñas frases o ideas) y su consecuente
desarrollo. Al relacionar la melodía con la armonía
no podemos improvisar “acorde por acorde”; debemos comprender
y escuchar el devenir de la armonía, reconociendo zonas de
tensión y reposo, eligiendo las notas de acuerdo a la sonoridad
que deseamos generar.
Los
otros recursos musicales constituyen PARTE FUNDAMENTAL de la música,
puesto que la profundidad de nuestra música también
depende de COMO TOCAMOS lo que tocamos.
Finalmente,
reflexionar sobre la necesidad de tomar conciencia de la importancia
que presenta “nuestro tocar” con referencia al mundo
que nos rodea, ya que nuestra música es una manifestación
concreta - en forma y contenido - de nuestra posición ante
la vida.
“La
mayoría de la gente percibe el puño apretado como
un símbolo de fuerza. “Soy poderoso, porque tengo un
puño muy fuerte. Puedo darte una paliza. Puedo partir la
tabla en dos. Puedo romper el ladrillo”. Pero existe una gran
diferencia entre energía y fuerza. La energía no es
esa expresión externa de un puño pesado, apretado
y esforzado. Tampoco es un puño débil e inútil.
El puño del t’ai chi se encuentra justo en el medio,
ni totalmente apretado ni completamente lacio.
Es un puño vacío inmóvil y listo para actuar.”
Al
Chung-liang Huang (“La esencia del T’ai chi”)
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